
Y de pronto cambiaba la historia
la luna brillaba de día
los girasoles se abrían en la noche
Y tu también existías
Veía mil peces en el cielo
miraba mil aves nadando
también frutas en el vuelo;
mis almendras caminando
Tropezaba en una fuente
y caía en un colchón
me mirabas largamente
y me abrías tu corazón
Te acercabas a un abismo
que miraba al infinito
calculabas por un rato,
me tomabas de la mano
Hacías ademán de saltar
“¡Detente!” te decía yo
“No, porque quiero volar”
contestó tu suave voz.
Y me acercaba yo al abismo
y saltaba yo contigo
Y lo creía todo y no creía nada
y mi corazón aceleraba.
y no medía, en verdad, ninguno
y sonreía y me daba cuenta
que tú vales más que algunos.
Que tú vales lo que es cierto
y también lo que es absurdo.