Welcome to my blog :)

rss

domingo, 3 de abril de 2011

Mi nombre


Mi nombre… ¿cómo me llamo?

Me llaman de muchas maneras. Y de muchas maneras me he comportado, las suficientes para que me digan de todas esas maneras. Intenta adivinar, anda, nunca averiguarás cuál es mi nombre.

Te ayudaré un poco.

Algunos me llaman Delirio.
Otros me llaman Pasión.
Hay quien me dice Prodigio.
Hay quien me dice Razón

Me han llamado Desvelo
Me han llamado Intención
Me han nombrado Un Intento
Me han nombrado Diversión.

Algunos me llaman Traidora
Otros me llaman Tiempo
Hay quien me dice Encantadora
Hay quien me llama Intento.

Me han llamado Destino
Me han llamado Lección
Me han nombrado Desatino
Me han nombrado Corazón.

Algunos me llaman Misterio.
Otros me llaman Pasado
Hay quien me dice Desvelo
Hay quien me dice Agrado

Me han llamado Olvido
Me han llamado Memoria
Me han nombrado Alivio
Me han nombrado Historia.

Algunos me llaman Recuerdo.
Otros me llaman Rosa.
Hay quien me dice Incierto
Hay quien me dice más cosas.

Me han llamado Presente
Me han llamado Porvenir
Me han nombrado Pasado
Me han nombrado Vivir.

Algunos me llaman Canción
Otros me llaman Poeta
Hay quien me dice Creación
Hay quien me dice Sincera

Me han llamado Tierra.
Me han llamado Música
me han llamado Firmeza
Me han llamado Lúcida

Algunos me dicen Flama
Y otros me dicen Brisa
Hay quien me dice Agua
Hay quien me dice Ceniza.

Me han llamado Luz
Me han llamado Noche
Me han llamado Azul
Me han llamado Derroche.

Algunos me llaman Amiga.
Otros me llaman Flor
Hay quien me dice Magnífica
Hay quien me dicë Amor.

Anda. Intenta adivinar. Ya te ayude demasiado. Pero de una vez te advierto que jamás lo averiguarás por que no es sencillo, aunque es muy divertido. Me retiro, te dejo intentado. Te dejo un Beso y un Abrazo.


Imagen de: http://21mc10.skyrock.com/2393784977-Te-siento-en-el-viento.html

martes, 15 de marzo de 2011

Decirte algo...


Tranquilo, apaga la música
al menos un corto rato.
Acércate, suave, despacio
que quiero decirte algo.

Que tus pasos sean callados
y contengas el aliento.
Que descanse dulce el viento
y hay que empezar susurrando.

Déjame acercarme a tu oído
y rozarte con mis labios
y reírme, pues, muy bajo
y que todo sea argentino.

Te quiero contar un secreto
y sellarlo con tu boca
en un instante perfecto
donde nada es otra cosa.

Y pienso todo lo que valgo
y recuerdo que estamos juntos.
Entonces sonrío y me pregunto
si querrás tú decirme algo.


Imagen de: http://dyogurin.blogspot.com/2009/11/susurros.html

miércoles, 23 de febrero de 2011

Observaciones


Es una noche agradable, llena de un je ne sais qoui inquietante. Tu mirada luce distante, perdida en los laberintos más oscuros que pueden existir en la mente humana, a pesar de que hace pocos minutos intentabas fingir que observabas atentamente los adoquines de la pequeña plaza en la que nos encontramos. A tu lado reposa una taza de chocolate, ya helado, suplicándote que lo bebas antes de que el mesero lo retire y cambie su destino de tu dulce boca a un triste lavabo.

Miro bien tu rostro. En el parece haber escritas tantas cosas. Tantos sentimientos, tantos pensamientos. Eres curioso ¿sabes? Eres como un libro abierto a mis ojos. O quizá sea yo quien aprendió a leer los símbolos escritos en ese libro, antes tan extraño.

Sin embargo esta noche tu rostro habla de algo más profundo que lo que usualmente puedo leer. Es como si de pronto algo hubiera tomado toda tu luz y la hubiera arrojado lejos, muy lejos. O quizá demasiado cerca, tan cerca que es difícil de ver.

Despiertas y vuelves la mirada. Tomas la taza y bebes un sorbo, obligando al mesero a cambiar de dirección. Sigues ausente, tan ausente como si estuviera sola en una pequeña plaza perdida en algún lugar de la tierra. Tan ausente como si estuvieras a cientos de kilómetros, a miles de pensamientos, a millones de ilusiones de distancia.

Parpadeas una, dos veces. Río un poco, me gustas cuando haces eso.

Parece que ese sonido te trae por fin de regreso, te observo delicadamente. De tus pestañas está prendido aún el letargo y a tus labios se asoma un ligero desconcierto. Finalmente sonríes.

¿Qué te da risa? – Preguntas aún luchando contra la resaca de tus propios pensamientos.

Estás dormido – contesto aún sonriendo. Sonríes aún más tú también.

No, te prometo que estoy bien despierto. ¿Si estuviera dormido podría hacer esto? – Cosquillas. Mi risa no se hace esperar. Otro de los comensales aparta la vista de su libro para observarnos y una pareja que va pasando por allí se aleja rápidamente.

¿En qué tanto estas pensando?

Un poco en todo, y un poco en nada.

¿Cómo?

Mmm… pienso en muchas cosas a la ligera, sin pensar profundamente en ninguna.

Vaya. Parecías muy concentrado…

Demasiada ligereza puede ser pesada incluso para la mente.

Eso es cierto – me quedo pensando - ¿Puedo ayudar en algo? – Sonríes de nuevo

Estas aquí ¿no? Eso ya es suficiente – Vuelves a beber de la taza de chocolate.

Me acerco y te doy un beso en la comisura de los labios, sabe bien. Sin embargo más tardé en acercarme que en lo que te volviste a sumir en tus ensoñaciones.
Un rato después pido la cuenta, sabiendo que tú no estás en condiciones ni de ver el menú sin perderte en el sentido de cada sencilla letra. En los misterios de las palabras. Se acerca el mesero y me bebo el último trago de la taza de chocolate. Mi boca no es igual a la tuya, pero espero que al Chocolate no le moleste.

Un rato después seguimos paseando. Vas más perdido que nunca. Lentamente miras hacia el cielo observando lentamente cada estrella, cada hoja de los árboles, sintiendo cada ráfaga de viento. De pronto presionas mi mano, sacándome a mí de mi propio delirio.

- ¿Qué pasa? – pregunto mientras te observo despertar de nuevo.

- Te amo, eso pasa.

Me sonrío de un modo extraño, las sombras de la noche me ayudan a ocultar un poco el rubor que en mis mejillas han despertado esas palabras.

- Te amo también – Te sonrió a ti, mientras veo el destello de mil estrellas en tus ojos.

En ese momento una de las farolas del parque falla, dejándonos casi a oscuras. Esta vez miro yo hacia el cielo y suspiro. Te invito a observarlo para que descubras en él las estrellas más hermosas de esta noche.

Te doy otro beso, pero esta vez estas despierto y lo sabes responder. Seguimos caminando, tomados de la mano, en silencio, un dulce y cálido silencio.

- ¿Sabes en que estoy pensando ésta vez? – Dices de pronto.

- Mmm… ¿en que las rosas son rojas y las violetas azules? – intento adivinar.

- No exactamente – sonríes.

- ¿En qué piensas?

- Pienso en la felicidad, en tenerte aquí a mi lado, en estar aquí a tu lado, pienso en el Amor.

- Ese no se piensa, se siente.

- Bueno, entonces “siento” el Amor. Y se siente muy bien.

Me acerco y me abrazas. Seguimos caminando hasta dejar el parque atrás y tomar otro rumbo, que ya el viento nos encontrará.

domingo, 20 de febrero de 2011

Hilos conductores










(2008, posiblemente Octubre)


Perdón si alguien no comparte esta forma mía de ver las cosas. Sin embargo yo siento que toda vida es una fabulosa novela compuesta por cuentos más pequeños.

Estos cuentos tienen hilos conductores diversos, pero hay algo que los une a todos. Así pues, una vida tiene miles de hilos conductores.

Durante mi infancia el hilo conductor fue el juego. Durante la preadolescencia el hilo conductor fue la fuerza. Y a últimos momentos el hilo conductor de mi vida es la vida misma.

Pero el tiempo cambia, y la gente también, esto es lo que ha obrado tan diversos cambios en mi vida.

Mas mi presente es extraño, todo ciclo se cierra y mi hilo conductor esta cambiando.

Al principio fui una tonta. Me negaba a serlo, me negaba profundamente a ser la fabricante del hilo conductor de alguien, sin darme cuenta de que lo que me negaba a ser era justo mi terco deseo, pero al contrario.

Detrás de esa pantalla, algún tiempo después, me di cuenta de que lo que no quería era que alguien más pasara a ser el dueño de alguna de las guías de mi vida.

Mi presente cambia, no hay duda alguna, pero ahora el gran capricho de mi existencia es algo más. ¡Cuanto tardé en darme cuenta!

¿Cuál es mi hilo conductor? Es un capricho no decirlo, pero no lo diré. ¿Gritar esto al viento? Sería un buen modo de terminarlo, pero es peligroso, lo podrías escuchar.

Simple y sencillamente no puedo creer esta parte de la existencia. Me parece tan maravilloso como irreal, pero solo sé que es extraño... extrañamente bello.

¿Y ahora qué? Decir, no decir, confiar, callar. ¿Que he de hacer? Hay de mí, sino guardar y confiar este secreto al papel en que lo he escrito.

Hasta siempre...

jueves, 17 de febrero de 2011

Suerte


La Suerte existe. No me refiero a creer que la suerte nos ayudará a pasar un examen, conseguir novi@ o encontrar un empleo. Hablo (escribo) de la Suerte. La que nos hace estar en el lugar correcto en el momento correcto. En parte, hablo de la Suerte que nosotros hacemos.

Hoy es un día con Suerte. Y ayer lo fue. Y mañana lo será, así en un ciclo infinito.

Es una Suerte estar en donde cada uno está parado, a pesar de que no sea lo que uno desea más. Es una Suerte conocer a las personas que un@ conoce (tengan el papel que tengan en nuestra vida). Es una Suerte poseer la habilidades propias. Es una Suerte tener Fe en la vida. Es una Suerte enfrentar los retos y los obstáculos que tenemos que afrontar. Es una decisión vencerlos. Es una Suerte saber Escuchar, Leer Hablar y Escribir. Es una Suerte poder Vivir.

Es una Suerte encontrar a las personas que están en nuestro camino (Y en cuyo camino estamos).

“Como si fuera destino”(CIMM).

martes, 25 de enero de 2011

Poesía


Como la diáfana luz
entra por la ventana
en la preciosa mañana
de un cielo de azur

Como las olas del mar
cristalinas y refrescantes
salvajes pero constantes
que no se dejan atar

Como el viento ligero
sincero y rápido
sutil, dulce y cálido
que con ansias espero

Como el claro diamante
firme e inmaculado
nítido y brillante
que secretos va guardando

Cómo magnífica rosa
princesa de los amores
dama de mil colores
como una joya preciosa

Así son mis poemas
claros y sencillos
Como las palabras que distingo
en el horizonte lejano

viernes, 21 de enero de 2011

Una noche ella encendió un fuego...

Una noche ella encendió un fuego.

No era un fuego muy grande ni muy pequeño. Era un fuego cálido. Lo encendió para iluminarse en la penumbra tan profunda que la rodeaba y para refugiarse del frío.

Ella sabía, por experiencia, que el fuego era peligroso. En una ocasión intentó tocarlo, sin embargo sufrió un dolor inmenso y sus manos quedaron marcadas. Se había quemado. No era una quemadura grave, pero si lo suficientemente real para que se diera cuenta que estaba viva.

Estaba confundida. El mismo fuego que la había herido seguía iluminando para ella, brindándole su calor, estando con ella. Eso sí, cada quien en su reino.

Pero llegó un momento en el que el miedo comenzó a anidar en su corazón. Al principió fue sólo una inquietud, un leve desasosiego, una sombra ligera que muy rara vez se paseaba por su mente. Sin embargo, lentamente esa sombra empezó a inundar sus sueños transformándolos en pesadillas, a robarle horas en las que podía dormir, a mantenerla en vela.

Ella tenía miedo de que su fuego se apagara.

Empezó a hacer más para cuidarlo, le puso un pequeño cerco de rocas alrededor y no dejaba que nadie se acercara. Sufría y temblaba cuando debía ir por más leña y siempre se aseguraba que no hubiera nada que pudiera apagar su fuego cerca.

Apenas dormía, siempre vigilando su fuego.

En un punto, todas las personas que alguna vez la habían querido empezaron a preocuparse por ella “¿Qué le pasa?” decían “¿Cómo le quitamos ese miedo, esa obsesión?” Todos se preguntaban la respuesta y nadie podía encontrarla.

Algunos intentaron hablar con ella. A algunos fingió que los escuchaba, a otros los envió a volar antes de que abrieran la boca, hubo a quien estuvo a punto de golpear para que se callara. Pocos fueron los que lograron hacer que retirará sus ojos del fuego al menos unos segundos.

Y así pasó mucho tiempo.

Una noche, no fría sino cálida y con estrellas en el cielo. De la nada, el fuego se apagó.

Entonces, ella por fin pudo dormir.